viernes, 2 de agosto de 2013

MI INFANCIA.

Considero que tuve una infancia feliz, no siempre, pero en resumidas cuentas feliz. Vivía despreocupada, mi único deber era ver la televisión, jugar y reír. Esto en infantil. En primaria la cosa se complica bastante. Hasta tercero no me dí cuenta de que todo eso de la felicidad ya no iba a ser tan sencillo. Yo no era precisamente una niña agraciada físicamente, lo que era todo un obstáculo para congeniar con mis compañeros. Yo estaba preocupada, como es lógico, por no integrarme bien. Por mi forma de ser, etc, perdí amigas...aunque no a todas. Cuando era pequeña no entendía eso de que: "los amigos de verdad son aquellos que puedes contar con los dedos de la mano". Creía que me lo decían como consuelo por no tener muchas amigas...pero, a medida que crezco y maduro, ese dicho tiene mucha razón. He dejado amigos y amigas por el camino, de los que ahora me arrepiento de haber perdido. Parecía que iban a durar, pero sólo lo parecían. Cuando reflexiono sobre esto, me prometo a mí misma no volcarme tanto en una relación nunca más, pero ¿qué ocurre? no me hago caso. Siempre me dan la patada cuando me entrego al completo. No quiero decir con esto que al escribir esta entrada me vuelva a prometer semejante cosa, porque sé que dentro de unos meses estaré en esta misma situación volviendo a prometerlo.



Se puede decir que tuve una infancia feliz fuera del colegio, o casi. Tengo la mala suerte de no haber crecido con mis abuelos, pero con mis abuelas sí. Como toda persona, supongo, tengo a mi favorita, la paterna. Mi abuela materna me quiere mucho, pero sabe bien cómo hundirme en la miseria. Físicamente no paro de intentar mejorar, este año perdí quince kilos, pero me sigue criticando; y lo peor es que lo hace mientras estoy delante, no sé si para que me entere o para que llore. Actualmente no me hablo con ella, por un problema con una hermana suya, y voy a seguir sin hablarle a menos que se comprometa a no decirme esas cosas, que las diga a mis espaldas pasa (ojos que no ven, corazón que no siente). Mi otra abuela es un encanto, siempre me sorprende con algo nuevo. Le encanta aprender y además lo hace rápido. Este año ha hecho cuatro trajes de baturra: para su hija, mi prima pequeña, mi hermana y para mí; son preciosos. Es encantadora, cocina que da gusto y sabe escuchar. Por parte de la familia, he tenido una infancia medio feliz.



Lo que de verdad me ha marcado durante mi infancia son los juguetes, las series de televisión y sobretodo Disney. Siempre ha sido mi criptonita. Me encanta hacerme una cenita sana, coger la tablet y ver una película de Disney de princesas, claro. 



Se podría decir que hoy en día soy así por todo esto. De primaria he aprendido que nada es para siempre, y menos los amigos que se hacen a esa edad. De mi familia aprendí que, por mucho que lo deseemos, a la familia no la elegimos. Y de Disney aprendí que todo es posible.

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