Un beso debajo de la oreja, o en la nariz. Una caricia leve en la espalda, o en el brazo. Entrelazar los dedos de dos manos como un gesto sin importancia. Que te aparten un mechón de pelo detrás de la oreja. Juntar nariz con nariz y besarse. Y sonreír. Un abrazo en la cama después de la pasión, o de despertarse. Pequeñas acciones capaces de poner los pelos de punta y dejar en el estómago una extraña sensación.
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