Han pasado ya cuatro meses. Cuatro putos meses en los que he estado atormentada, deprimida y, muchas veces, con ganas de acabar con toda esta mierda. Cada vez que te tengo cerca no puedo evitar una arcada...no hay una sola vez que no me ocurra. Verte ahí, delante de mí...buf. Para mí resulta imposible dirigirte la palabra, ni mirarte a la cara. Nunca entenderás el miedo que me puedes dar. MIEDO. Al principio pensé que sería asco, por las arcadas...pero no. Te tengo miedo y lo reconozco. Yo, que soy una mujer que no se asusta por nada, que sólo le tiene miedo a la muerte; llegas tú y me das arcadas. Salgo corriendo cada vez que te veo o que sé que estás a punto de llegar a donde estoy. Lo normal es sentir respeto, coraje, pero...miedo?
Te veo por la calle y me cambio de acera; te veo por el pasillo y me meto a la clase; cuando sé que vas a entrar al baño me voy corriendo. Esto va a llegar a un momento en el que va a acabar conmigo, y joder, con lo que fuimos, lo que nos prometimos, ahora ha quedado todo en vano. No sé cómo te sientes tú ante esto, pero espero que estés mejor, porque esto no se lo deseo a nadie. Sé que te doy asco, que soy una inmundicia y que estoy sucia.
Si me rebajara a tu nivel, diría: que deberías mirarte al espejo; que deberías hacerle caso a la báscula; y que aprendas otra vez a peinarte, porque antes estabas radiante, era lo que más me gustaba de ti físicamente.
Yo sigo con mi vida. Mal. Pero sigo adelante. Fue año y medio de amistad, de momentos buenos y malos, pero en definitiva una época feliz -en su justa medida-. Debo asumir que acabó hace cuatro meses. Diría que gracias por todo, pero no lo diré nunca. Yo dí, y dí, y tú recibiste y recibiste.
miércoles, 16 de octubre de 2013
FINITO.
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